quarta-feira, 2 de outubro de 2013

DISCURSO GEOGRÁFICO - Jean Bernard Racine





DISCURSO GEOGRÁFICO Y DISCURSO IDEOLOGICO: 
PERSPECTIVAS EPISTEMOLÓGICAS

Jean Bernard Racine


Un problema complejo, pero oportuno y actual

Nada hay más delicado para un geógrafo que emprender un discurso sobre el discurso del geógrafo formulando explícitamente la hipótesis de que es posibte relacionar el discurso geográfico con el discurso ideológico, y que esta relación pone en duda la forma de conocimiento que propone nuestra disciplina en el contexto de las ciencias actuales. El gran riesgo está en separar la teoría de la práctica, en recrearse en las complicaciones: caer, en el peor de los casos, en la palabrería o en la verborrea, o, en el mejor de ellos, en la metafísica, es decir, colocarse de tal forma por encima de la realidad que alguien tenga la posibilidad de preguntarse si la corriente de pensamiento que se sigue no defiende más una opción ideológica que una epistemología geográfica. Una vieja reflexión del filósofo marxista Louis Althusser no resulta demasiado alentadora al respecto. ¿No es él quien habla de estas "ilusiones ideológicas aplastantes de las que todo el mundo es prisionero" y que haría falta por tanto clarificar y criticar a partir "de conocimientos científicos nuevos"? (Althusser, 1964).

¿Cómo definir,sin embargo, los conocimientos científicos en el campo de la geografía y de la epistemología? Si el concepto de ideología permanece por lo menos multívoco, qué décir de la definición de nuestra disciplina, de su objeto, de su método o métodos. Los epistemólogos, precisamente, no dicen nada al respecto. Por ejemplo en vano buscaríamos referencias a la geografía en las obras de los teóricos de la epistemología genética. Si se les pregunta el porqué, se apoyan en el carácter pluridisciplinar de la actividad de los geógrafos; una actividad que carece de unidad orgánica y que no se basa en ninguna teoría, ni en ningún axioma. En estas condiciones, Jean Piaget s6lo puede negar la existencia autónoma de nuestra disciplina.

Es necesario abordar de alguna manera el sistema de relaciones múltiples que establece entre estos tres niveles de reflexión: geográfico, ideológico, epistemológico, a pesar de que cada uno de ellos esté tan mal o tan pobremente definido como sus respectivas competencias. Los primeros artículos de Yves Lacoste (1973-1976), el éxito de "Hérodote", nos invitan a ello, con tal de que se asegure una vía de reflexión crítica y coherente capaz de llevar a nuevas proposiciones. Desde este punto de vista, creemos que nuestra experiencia y conocimiento de la práctica de la geografía llamada nueva en América del Norte, examinados a la luz de una primera formación de tipo clásico y al cabo de tres años de haber descubierto de nuevo Europa, nos autorizan por lo menos a exponer nuestro testimonio. Vale la pena recordar la actualidad de la polémica sobre la ideología en geografía al otro lado del Atlántico y la expansión de la "geografiá radical", de la cual la revista "Antipode" es un exponente, además de la existencia de obras de mayor relieve firmadas incluso por los más reconocidos teóricos de la "nueva geografía", como William Bunge y David Harvey, autores respectivamente, primero, de una "geografía teórica" (Bunge, 1966) y de una "explicación en geografía" (Harvey, 1969), y después, de una "geografía de una revolución" (Bunge, 1971), así como de una obra sobre la "justicia social y la ciudad" (Harvey, 1973). Al examinar los primeros números de "Hérodote" los trabajos norteamericanos y el conjunto de debates publicados en la revista de la Asociación de geógrafos norteamericanos, se evidencia que la cuestión de la ideología incumbe a todos los geógrafos, tanto si trabajan con los instrumentos y perspectiva de la geografía llamada "tradicional" -cualitativa, empírica e inductiva-, como si lo hacen de acuerdo con los instrumentos y la perspectiva de la llamada geografía "nueva" cuantitativa, teórica y deductiva. A pesar de sus peligros es obligado, pues, empezar por la ideología.

Sin embargo, cómo abordarla, ¿por su definición? Nos hemos referido ya a la dificultad que esta tarea supone en un campo como el de la geografía en que la ideología es ante todo el "pensamiento de otro" y hace referencia a una noción a la que no puede reconocérsele cualidad objetiva desde el momento que no existe una adhesión explícita (Dumont, 1974). En efecto, cualquier reflexión sobre la ideología se plantea ante todo como una réflexión crítica. Nadie se sorprenderá de que las argumentaciones sobre la ideología sean hoy, en esencia de origen marxista y de que las argumentaciones marxistas funcionen siempre, según confesión de ideólogos marxistas (Lindemberg, 1975), "contra alguien" o "contra alguna cosa". Admitimos asimismo con Fernand Dumont que "las ideologías plantean, en principio, problemas porque compiten entre sí", y que es precisamente la "confrontación que hace la ideología una realidad, pues en el caso de que la situación admitiera una definición única sería como si no hubiera ideología". En efecto, las ideologías son "multiformes y se ofrecen en un mercado en el que compiten diversas lecturas y objetivos de la sociedad y de los grupos"; esto se explica porque "quienquiera que hable de ideología lo hace ante todo para desacreditarla utilizando, en principio, un pensamiento ajeno". ¿Es razón suficiente para concluir que el concepto de ideología, escritoen singular, es verdaderamente ideológico?

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